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Relato, Julio

Fui a buscar a Julia, ese es el nombre que me había dicho que quería oír de mi boca. Habíamos quedado en el 43 de la calle del Coso, en la esquina, donde está la cafetería Las Vegas. Cuando llegué, que casi ni podía parar el coche para recogerla, me quedé muy sorprendido por su atuendo, se acercó rápidamente, abrió la puerta y, con apresuramiento, entró.


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Fui a buscar a Julia, ese es el nombre que me había dicho que quería oír de mi boca. Habíamos quedado en el 43 de la calle del Coso, en la esquina, donde está la cafetería Las Vegas. Cuando llegué, que casi ni podía parar el coche para recogerla, me quedé muy sorprendido por su atuendo, se acercó rápidamente, abrió la puerta y, con apresuramiento, entró.

Tan apenas nos saludamos, y para no tener necesidad de hablar en ese primer momento, decidí poner más volumen a la música y preguntarle si le gustaba el ritmo que sonaba en ese instante. De camino hacia mi apartamento, mientras yo conducía, desabotonó la parte superior de su vestido dejando al aire parte de sus pechos. Pequeños y sabrosos… Su mano se deslizó por mis muslos tratando de encontrar la cremallera de los pantalones. Allí, mientras yo decidía la velocidad del vehículo, ella se inclinó y comenzó a acariciarme. La lengua la sentía como el terciopelo, lamía con suavidad y su boca estaba tan caliente que me perdía en tanta sensación.

Mi cuerpo reaccionó inmediatamente, me sentía a cien, quería reprimirme porque quería que Julia y yo llegáramos a casa y no llegar más en ese momento. Suavemente le retiré la mano y creo que ella lo entendió, porque su ritmo de caricias bajó, ahora me seguía acariciando, pero lentamente, de una forma más relajada. Con el consiguiente subidón traté de aparcar el coche lo más cerca posible de mi casa. Y subimos…

En cuanto cerré la puerta me abalancé sobre ella, le rodeé con mis brazos y empecé a besarla. Mi lengua entraba y salía sin parar de su boca y ella me correspondía con igual presteza, y sus manos se paseaban por mi cuerpo con gran diligencia. Me cogió suavemente del pelo y con firmeza tiró de mi cabeza hacia abajo, llevándome la cara hacia sus muslos. Retiré su tanga y me encontré con su genitalidad emergente dejando constancia que estaba tan excitada como yo.

Cogí con mi mano su gran excitación y comencé a acariciarla con la punta de la lengua al principio, haciendo un movimiento circular pequeño primero y grande después. Seguí acariciándola con mi boca y deslizándome hasta su pliegue, dejando, luego, que mi boca jugara con su piel.

A continuación, entre dulzura, amor, ternura y mandato, me dijo: “Date la vuelta y pon la frente contra el suelo”.
Hice lo que me pidió y quedé sintiendo en mi cara las baldosas tibias, noté su faz en mis nalgas, su lengua entrando y saliendo en mí, el masaje era profundo con movimientos circulares hasta que me sentí totalmente relajado…

Julia, poco a poco, de una forma regular y acompasada al principio, y con fuertes empentadas después, hacía que yo llevara el mismo ritmo masajeando mi cuerpo, no podía dejar de sentir una mezcla de sensaciones que me hacían emborrachar de placer.

Unos pocos instantes después de ese embriagador momento, sentí una gran descarga por parte de Julia y yo me apresuré a relajarme a la vez que ella. Durante unos cuantos minutos permanecimos los dos tumbados en el suelo, mojados por el sudor y por el semen, pero nada parecía importarnos, los dos estábamos abrazados…

Cuando ella se marchó y relajado yo sólo tomando una copa de brandy en el sofá del salón testigo de los hechos, me sumía en los pensamientos del mañana, pensaba qué iba a hacer y cómo comportarme al día siguiente cuando le volviera a ver en la oficina, entrar en su despacho, vestido con traje oscuro y corbata… ¿Seguiríamos con los mensajes y los emails?, ¿Volveríamos a cruzarnos miradas de complicidad? ¿Nos veríamos de nuevo?

Vernos otra vez, eso lo que yo deseaba…

 
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